La Vega, República Dominicana. En la memoria popular de los pueblos siempre quedan personajes que, por su forma de vivir, sus costumbres y sus historias, terminan convirtiéndose en leyendas. En La Vega, uno de esos nombres que ha pasado de generación en generación es el de Elpidio Suain, conocido cariñosamente por todos como Elpidio “El Turco”.
Aunque el apodo “turco” era utilizado en aquella época para referirse de manera general a muchos inmigrantes procedentes del Líbano y Siria, quienes llegaron a la República Dominicana en busca de mejores oportunidades, Elpidio se convirtió en una figura única dentro de la historia cotidiana de la ciudad.
Era un hombre de aspecto serio, de cuerpo robusto, siempre identificado por su inseparable sombrero kaki y su manera reservada de comportarse. De pocas palabras, disciplinado y trabajador incansable, recorrió durante décadas los caminos y calles de La Vega llevando su mercancía a los hogares de sus clientes.
En las décadas de los años 40 y 50, Elpidio recorría los campos veganos montado en su caballo blanco, cargando grandes bultos llenos de telas, retazos y ropas que vendía a crédito y mediante el tradicional regateo. Casa por casa, ofrecía sus mercancías a familias que encontraban en él una forma accesible de comprar sus prendas.
Con una libreta donde anotaba cuidadosamente las cuentas de sus clientes, llevaba el control de cada venta. Su fama de hombre ahorrativo creció con los años, y muchos en el pueblo comenzaron a hablar de su estricta manera de administrar el dinero, llegando a ganarse la fama popular de ser “el hombre más tacaño de La Vega”.
Pero detrás de esa fama había también una historia de esfuerzo, sacrificio y visión para los negocios. Mientras muchos lo veían vivir de manera sencilla, se comentaba que había logrado acumular propiedades gracias a décadas de trabajo constante.
Uno de los relatos más conocidos alrededor de su figura cuenta que en el pueblo circulaba el rumor de que guardaba una gran cantidad de dinero en una caja fuerte dentro de su vivienda. Según la tradición oral, una madrugada delincuentes entraron a su casa, lo atacaron y se llevaron la caja fuerte, pero la sorpresa fue que en su interior no encontraron dinero, sino documentos.
Con el paso de los años, su inseparable caballo blanco también se convirtió en parte de la leyenda. Aquel animal que lo acompañó por caminos, barrios y campos de La Vega durante tantos años finalmente murió, dejando atrás una época que muchos recuerdan con nostalgia.
La pérdida de su fiel compañero obligó a Elpidio a modernizar su forma de trabajo. Fue entonces cuando adquirió un pequeño motor Honda 50, al que adaptó remolques para continuar transportando sus telas. Así, la imagen del hombre del sombrero kaki cambió del caballo blanco al pequeño motor que recorrió las calles veganas durante años.
Elpidio “El Turco” vivió de una manera sencilla y alejada de los lujos en un pequeño espacio en la calle Padre Billini. A pesar de los rumores sobre sus bienes y su patrimonio, quienes lo recuerdan destacan sobre todo su carácter singular, su disciplina y la constancia con la que trabajó toda su vida.
Hoy, muchos años después, su nombre permanece como parte del folclore urbano de La Vega. No fue político, artista ni funcionario, pero logró algo que pocos consiguen: convertirse en un personaje inolvidable de su pueblo.
Elpidio “El Turco”, el hombre del sombrero kaki, las telas, el caballo blanco y el motor Honda 50, quedó escrito para siempre en la historia popular de La Vega.

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