La Vega, República Dominicana. La historia dominicana está llena de personajes extraordinarios cuyas hazañas merecen ser recordadas generación tras generación. Uno de ellos fue el destacado piloto e inventor vegano Tirso García, un hombre que convirtió un sueño en realidad al cruzar el Canal de la Mona desde Puerto Rico hasta la República Dominicana a bordo de un singular girocóptero de su propia creación, conocido popularmente como “La Cabra Loca”.
El 15 de febrero de 1983, Tirso García escribió una de las páginas más brillantes de la aviación dominicana al despegar desde San Juan, Puerto Rico, y aterrizar en Santo Domingo tras recorrer el mar Caribe en una aeronave que muchos consideraban imposible. Aquella histórica travesía le otorgó un récord mundial registrado en el Libro Guinness, convirtiéndose en un símbolo del talento, la creatividad y la perseverancia del pueblo dominicano.
Su pasión por la aviación tenía profundas raíces familiares. Tirso García era hijo del ilustre vegano Zoilo Hermógenes García, reconocido como el primer dominicano en diseñar y construir un avión, el legendario Poliplano, convirtiéndose en el pionero de la aviación nacional. Padre e hijo dejaron una huella imborrable en la historia aeronáutica de la República Dominicana, demostrando que el ingenio dominicano podía conquistar los cielos.
Además de inventor y piloto, Tirso García fue fundador de la primera escuela de aviación civil del país y dedicó gran parte de su vida a promover el desarrollo de la aviación, inspirando a nuevas generaciones de pilotos y soñadores.
El triste adiós de un pionero
El 18 de abril de 2018, la República Dominicana y la comunidad aeronáutica internacional recibieron con profundo pesar la noticia del fallecimiento de Tirso García en Bayamón, Puerto Rico, donde residía. Tenía 101 años de edad y dejó tras de sí un legado que continúa inspirando a miles de dominicanos. Su partida fue lamentada por el Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC), que destacó sus valiosos aportes como inventor, piloto y promotor de la aviación nacional.
Hoy, recordar a Tirso García es rendir homenaje a un hombre que se negó a aceptar los límites de la imaginación. Su histórica “Cabra Loca”, aquella silla voladora que muchos vieron con incredulidad, terminó convirtiéndose en una de las mayores proezas de la aviación dominicana y en un motivo de orgullo para La Vega y toda la República Dominicana.
Su nombre permanecerá para siempre entre los grandes pioneros que demostraron que, con visión, valentía y determinación, los dominicanos también pueden hacer historia y conquistar el cielo.
